De la oveja a la madeja: el proceso de elaboración de la lana ecológica

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Cuando empecé a tejer la calidad de la lana con la que hacía mis primeras muestras era lo de menos. Iba a la mercería y pedía los ovillos más baratos, esos de colores que habían sobrado de otras temporadas, de los que ya no quedaban grandes cantidades y cuya composición era la mezcla de diferentes materiales sintéticos. Llegué a comprar lanas en el chino de las que se despelusan en las manos y tiré de los ovillos antiguos que mi madre tenía metidos en bolsas durante años después de deshacer algún jersey.

Con el tiempo, cuando fui cometiendo menos errores y quise  crear mi primera labor con sentido, me  interesé por tejidos cada vez mejores, con porcentajes mayores de lana natural. También descubrí el cachemir, la alpaca, el algodón o el lino y mi mundo cambió. De repente era más consciente de los porcentajes, del tacto y del precio.

Tejer con hebras naturales es caro y a más grosor, más caro sale. Muchas veces me he frustrado al comprar materiales en grandes superficies porque la factura engorda sin límites. Se supone que era un hobby barato para personalizar tu propia ropa y dar rienda suelta a tu imaginación pero también es una forma de invertir dinero que no siempre te puedes permitir.

Por eso es importante entender la razón, conocer el proceso mediante el cual se elabora la lana (la materia prima más básica y tradicional con la que crear proyectos tejeriles) y empezar a ponerse en el lugar de los productores, conocer su esfuerzo y dedicación para entender el precio de mercado.

4 proyectos para tejer con las manos

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A veces me apetece pasarme horas tejiendo y otras, no tengo tiempo ni para sentarme. Por eso ¿qué tal tener un plan b para tejedoras ocupadas?

Tejer con las manos es una forma fácil y rápida de crear proyectos grandes en poco tiempo.

Hoy revisamos cuatro labores que podemos hacer en una tarde tonta de fin de semana, viendo una serie, en la playa, en un viaje en avión o tumbada en el cesped del parque solo con nuestras manitas. Que no se diga que tejer te quita tiempo.

Cómo empezar a tejer

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Empecé a tejer de mayor y por curiosidad. Había visto a mi madre hacer ganchillo de vez en cuando pero nunca me enseñó hasta que con el tiempo, dado que me gustaba el diseño pero no sabía usar Photoshop, me dió por buscar mi vena creativa en las manualidades. Fueron días duros en los que no sabía dónde ir para aprender y me refugié en internet, mi gran amigo. Allí descubrí lo que toda buena tejedora necesita para dar sus primeros pasos en este mundillo (y resultó que tampoco era para tanto):

Tejer a lo grande: dónde comprar agujas y lana XXL

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Para llegar lejos hay que pensar a lo grande, o eso dicen

Efectivamente, en el mundo de la publicidad donde yo trabajo, el cliente siempre quiere el logo más grande y si piensas en una acción que impacte, debe ser enorme, ir más allá (pero con el menor presupuesto posible, claro).

En esto de tejer, a mi me impresionan mucho las tejedoras que son capaces de hacerse un chal de punto fantasía con agujas milimétricas y un hilo casi invisible. Creo que nunca tendré tanta paciencia. Por eso, prefiero usar lanas gorditas, con cuerpo y agujas a partir de 5mm para arriba con las que pueda ver que avanzo en cada vuelta.

En Pinterest y en internet en general hay cantidad de imágenes de labores XXL (mantas, alfombras…) super calentitas y achuchables pero, mirando en mercerías y tiendas de manualidades reales de la calle yo no veía tal variedad de tamaños. ¿Sería mentirita que existen esos ovillos gigantes? ¿Los creaban uniendo hebras más pequeñas del mismo color? ¿Dónde estaba el truco y qué se me estaba escapando?

Lanas Emi

Lanas Emi: una auténtica mercería de barrio de las que ya no quedan

Crónicas

Cada vez quedan menos mercerías de barrio. Cuesta encontrar según qué materiales fuera de internet y es una pena. Es fantástico tener acceso a telas japonesas y lanas orgánicas australianas en un click pero nada es comparable a entrar por primera vez en una de esas tiendas con estanterías abarrotadas de ovillos de colores donde no sabes muy bien dónde mirar porque todo te llama la atención.

Además nadie sabe tanto de labores como la persona que está al otro lado de ese mostrador de madera, sonriente, con un metro colgado del cuello que no necesita para nada porque sabe medir perfectamente a ojo.