Creatividad, divino tesoro

Crónicas

¿No os da la sensación de que las mejores cosas de la vida están hechas por gente feliz y relajada que tiene tiempo para observar lo que ocurre a su alrededor, pensar la forma de mejorarlo y que después regala al mundo su saber con una sonrisa, casi sin haberse despeinado? Pues yo a veces lo creo.

Porque, a ver, cuando no tienes tiempo de nada, ni de ducharte, con mil entregas de clase, trabajo, compromisos sociales, la casa, el perro… ahí no salen ideas geniales. Cuando duermes 5 horas y comes pizza congelada… las musas se van de after. Cuando hace que no sales a la calle 3 días y no te quitas el pijama, por mucho que te pares a pensar, es que no sale nada.

frustracion

Yo antes pensaba que había que tener un talento natural para ser creativo. Luego me dijeron que era un músculo que puedes entrenar, que cualquiera puede serlo. Yo me lo tragué. Ahora, cuanto más me esfuerzo, más estrujo mi cerebro para que salga todo el juguito, menos fruto veo.

Entonces comienza la fase, no puedo. “Nunca será como aquel o aquella que molan tanto. Soy un fraude, no sé qué hago aquí. Debería apretar tornillos en cadena y dejarme de gilipolleces”.

Pero claro, ¿acaso soy gente feliz y relajada que hace cosas guays? No. Soy una loca que se pasa la vida sentada en la cama con el portátil. Con las piernas entumecidas y que mataría por echarse la siesta.

¿Acaso se me puede pedir más? Tengo el juguito mental en la suela del zapato porque no descanso jamás.

Conclusión: no soy yo, son las circunstancias.

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