Acuarela zen: cómo ilustrar sin perder los nervios

Crónicas

Ayer asistí a mi primer curso de Acuarela impartido por la ilustradora Araceli García.

Siempre me ha gustado dibujar aunque hacía mucho tiempo que no lo hacía y me apetecía aprender algo nuevo, así que me apunté a un curso de introducción para relajarme y abrir la mente a nuevas experiencias. ¡Y tanto que viví nuevas experiencias!

He de confesar que Araceli nos explicó los conceptos y trucos básicos estupendamente. Fuimos realizando diferentes técnicas en hojitas pequeñas apuntando las instrucciones por detrás para no olvidarnos de los pasos. Y cuando ya supimos juntar dos colores, corregir errores y los efectos de la pintura sobre el agua, fue el momento de crear nuestra propia obra.

Mientras practicábamos las explicaciones de Araceli, una voz canturreaba en la lejanía. Yo me adelanté varias veces de mi puesto para descubrir quién era la responsable (todas las alumnas éramos chicas) pero no acertaba a ver quién cantaba. No entendía muy bien y supuse que en aquel momento de esparcimiento personal que es dibujar, alguna cantaba de alegría.

Comienza el reto zen

Ahora bien, llega la razón del título de este post, “sin perder los nervios”. Una vez que supimos hacer las técnicas básicas de acuarela, la profesora nos repartió una hoja A4 de papel, una flor y una frase. Con estos elementos cada una debía ilustrar su frase de forma literal o metafórica usando la flor de forma figurativa o deformándola. La libertad creativa era plena y el reto bastante interesante.

En ese momento, la chica que canturreaba se dirigió al grupo y nos dijo algo parecido a esto:  “os voy a hacer un regalo si queréis. Os voy a cantar unos mantras mientras pintamos. Se trata de unos cánticos sanadores que os ayudarán a explorar vuestra creatividad”. La sorpresa fue mayúscula. La chica cantora añadió “y si no os gusta, practicad la sinceridad y decirlo”. Nadie se negó, de hecho algunas alumnas dijeron alegremente que sí, que cantara.

Yo intentaba entender bien mi frase: “Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana” (Eduardo Galdeano). No sabía cómo integrar la flor, la frase y lo aprendido cuando la chica se puso a cantar. En alto. Con una voz desde lo más profundo de su ser, empezó a emitir sonidos como de didgeridoo (un instrumento australiano con forma de tubo largo de madera) y palabras en lenguaje inventado. Una especie de cántico entre budista y gregoriano.

Bloqueo creativo

No me podía concentrar. Yo miraba al resto de alumnas con cara de estrañeza intentando entender si yo era la única a la que aquello le molestaba. Me estaba poniendo nerviosa. empecé la actividad y pinté una flor en tres secciones de diferentes colores, uno para el ayer, otro para el hoy y otro para el mañana. En el centro, donde se juntaban los tres colores, apliqué lejía y se quedó un gran círculo blanco. Esa era mi representación de la frase, no podía pensar más con aquel estruendo.

Había mucho espacio en blanco en el papel y seguí rellenando. Ya sin una idea clara, solo reproduciendo las técnicas que habíamos aprendido previamente. Mirando el trabajo del resto de alumnas que había en mi mesa, mi obra era bastante fea y sin sentido.

Saber decir que no

A todo esto, y mientras seguía con mi bloqueo creativo, la chica cantora pregunto “qué tal vaís” refiriéndose a sus mantras curativos, y la gente le dijo que bien ante mi perplejidad. Yo no sabía si era un problema mío, por ser una rancia poco espiritual, o que la gente actúa en manada como ganado que no sabe decir que no a nada.

La chica no dudó en ofrecer otro regalo de los suyos, uno aún más incómodo: “os voy a hacer a cada una de forma individual un ritual de reactivación mientras pintáis”.

Yo me dije para mí, “si esta tía me toca, me voy”. Lo siento pero no me gustan los rituales, no me gusta la magia, ni los conjuros, ni los juegos de espíritus, ni las historias de fantasmas, ni los misterios, ni nada paranormal. Y aquello no me gustaba.

La chica se colocó detrás de una alumna y le cantó en la espalda un mantra similar a los anteriores con las manos colocadas en la boca en forma de amplificador. Yo no soporto que alguien se coloque detrás de mi muy cerca mucho rato. Me da la sensación de que su cuerpo me pesa y me encorvo así que tuve claro que al llegar mi turno, le diría que no me hiciera el ritual de forma educada pero “haciendo uso de la sinceridad” que ella antes había mencionado.

Así lo hice, nadie más se negó. Había cierta duda entre otras participantes pero solo yo dije no tajantemente.

Dar la vuelta a la tortilla

El resto del curso yo me sentí mal. Terminamos de hacer cada una su obra y yo, que veía que la mía era muy fea, le dí la vuelta al papel intentando encontrar algo inspirador entre las manchas.

La última fase consistía en coger papel y rotulador e ilustrar encima de la acuarela. Yo entonces ví a una Frida Kahlo con su tocado de flores entre mis colores y pinté un ojo, una ceja, una nariz, una boca y una oreja y me quedé tan pancha. Había logrado llegar a un resultado medio “bonito” e irme con orgullo de aquella jaula de grillos.

Quería irme, estaba cansada, nerviosa, negativa pero no podía porque aún quedaba explicarle al grupo nuestra pintura y la interpretación que habíamos hecho de la frase. Todas las ideas fueron buenas, había nivel pese a que algunas frases eran muy difíciles así que se notó que el contenido del curso y la profesora habían estado muy bien.

Cuando me llegó mi turno, expliqué mi lio mental y el resultado final. Fue un buen ejemplo de que el proceso creativo da muchas vueltas y así me salvé.

Conclusiones

Salí de allí escopetada, concentrada en la incomodidad de aquellos cánticos tan histriónicos y con la sensación de no haberme relajado.

El contenido del curso, lo que nos enseñó Araceli, estuvo genial y lo recomiendo al 100%.  Personalmente me hubiera gustado que la profesora no hubiera dejado que un curso de acuarela se convirtiera en uno de meditación, pero ésto es mi punto de vista.

Lo que sí espero, es no volver a ver a la chica cantora en otro curso, por favor.

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