Brother abre sus puertas en Madrid

Crónicas

Llevo tiempo queriendo hacer un curso de creatividad, especialmente uno de creatividad publicitaria. Después de mucho mirar he llegado a la conclusión de que todos los trabajos, las agencias y las escuelas guays están en Barcelona, así que me hizo mucha ilusión descubrir que la escuela Brother (originaria de Argentina pero asentada en diferentes países de habla hispana) iba a abrir sede en Madrid.

Para captar a sus posibles primeros  alumnos lanzaron un concurso por Facebook cuyos premios eran unas becas con descuentos del 25, 50 y 100% del importe del curso y que consistía en resolver el brief más dicífil del mundo, salvar al último videoclub de Madrid, el Ficciones de Malasaña (aunque juraría que en La Elipa hay otro y quién sabe si quedarán más por ahí).

Las bases del concurso solo pedían enviar la idea por email en forma de vídeo, gráfica, escrito o dibujo en una servilleta y la fecha límite de participación. Yo, que lo ví cuando solo faltaba un día para acabar, envié mi idea escrita. MAL. He de decir que a mí me gustaba, y comentándola con un amigo ilustrador del mundillo me dijo que era buena (¿tufillo a mentira piadosa? NO WAY).

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Desde que estudiaba Publicidad en la Universidad y nos proponían estos retos sabía que si entregas una pieza final, tienes muchas más posibilidades de que te la compren que una idea buenísima en bruto sin producir, pero QUEDABA UN DÍA. “Por el amor de dios, yo trabajo. No tengo tiempo de abrir Photoshop, buscar imágenes (sin derechos) en alta, currarme las tipografías, los efectos, montar un vídeo, locutarlo. ¿Estamos locos o qué?”, me dije. Y claro, así pasa.

Ayer estuve en el coworking Utopic-Us donde se hacía la entrega de premios y una clase abierta de creatividad con los responsables de la escuela. Fuí después de trabajar con dudas. Era tarde y el metro estaba petado. No sabía lo que encontraría aunque asistir a un evento creativo me daba mucho ánimo. Cuando llegué esperaba a alguien que me recibiera pero solo había gente tomando algo en el bar de la entrada. Ví en el segundo piso una sala a reventar de gente sentada en sillas plegables. Quise subir pero, ¿por dónde? Pregunté, nadie sabía.

Tres moderners que habían salido a fumar también buscaban la forma de llegar a la sala y después de varias vueltas, cuando llegamos, me quedé en la puerta con cara de “oops, esto ya ha empezado y no cabe ni un alfiler”. Entre unos y otros nos sentamos atrás del todo, yo apoyada en medio cachete sobre una mesa con patatas y ganchitos para picar. Los otros tres eran “extras”. Ex-alumnos de la escuela que estaban allí para participar, responder, hacer bulto.

Imagen de Brother Panamá, pero que tiene pinta de que en Madrid será igualito.

Imagen de Brother Panamá, pero que tiene pinta de que en Madrid será igualito.

Miré alrededor mientras nos explicaba Juan Rezzónico (el Director académico) qué era Brother, ejemplos de creatividad publicitaria al servicio de la resolución de problemas a través del humor, cómo era el curso que iban a lanzar (solo ese, impartido a 20/30 personas, en aquella sala de Utopic-Us)… y, por un lado, a mi todo eso ya me sonaba de la carrera, así que ÑE. Y, por otro, la gente era TAN joven.

No es que yo sea SÚPER vieja pero es que eran TAN TAN jóvenes. Todos querían trabajar en agencia (cuando, en cuanto lo pruebas, lloras por ir a cliente), todos hipsters con barba y falda tubo, todos con granitos en la cara (eso no lo echo de menos), tan delgados, con esa luz en la mirada, con esas ganas de chotearse de una marca venga a hacer truchos imposibles… que no pude más que mirarlos con ternura, un poco de envidia (por eso de estar delgados) y también penica porque NO, el mundo no es así.

No te pasas la vida creando virales de jiji para las marcas. No haces lo que quieres, es tu jefe el que decide todo. Los copys que te gustan no serán los elegidos. Los diseños en los que te has esforzado tanto, serán destruidos a golpe de “logo más grande” y “ponle más punch”. No amigos. El mundo, trabajar, las agencias, ser adulto es MUY diferente de como nos lo han vendido.

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Juan Rezzónico en la puerta de Brother Buenos Aires.

No gané. Ganaron las ideas terminadas, todas con su vídeo. Ideas que no eran mejores ni peores que la mía, solo tenían mejor envoltorio. ¡Que está bien, eh! Yo lo admiro y lo respeto, pero en el fondo sé que ellos tuvieron tiempo (o eso me imagino).

El curso dura 3 meses y consta de redacción, conceptualización y dirección de arte entendida como clase de movimientos artísticos, no de Photoshop e Illustrator en vena. Que digo yo, en 3 meses, con horario de 20 a 21:30 de lunes a jueves, ¿puedes llegar a convertirte en creativo? Cada día se propone un nuevo brief, de los difíciles, de los que nunca te van a dejar hacer en la vida real porque las marcas no pagarán para que las pongas verdes con gracia.

Me pusieron los dientes largos, eso sí. Por un momento volví a mis 18/20, cuando no tenía ni idea sobre qué hacer ni dinero para pagarme algo así pero que hubiera dado todo por enfrentarme a ese reto. ¿Por qué no lo hago ahora? Por el tiempo. No estoy convencida de que pueda echarle el tiempo necesario para exprimir cada práctica, para pensar con libertad y sacar lo mejor de mi. Es una excusa muy pobre, lo sé, porque durante muchos años me he dicho “debería estudiar algo mientras curro”. Y ahora. Me he hecho caquita.

No sé cuánto vale. Una chica lo preguntó pero no quisieron desvelar el gran misterio. No tiene pinta de barato tampoco.

*** & ***

En resumen: para ser feliz hay que vivir en Barcelona, sin trabajar porque tienes pasta y dedicar tu tiempo a lo que te gusta, pensar de forma creativa.

Y ésto aplicado a mi se traduce en: vives en Madrid así que apechugas, tienes que trabajar pero si se te cayera el boli a tu hora podrías estudiar algo por las tardes-noches. El dinero a estas alturas de la vida no es “tantísimo” problema, tengo algo ahorrado. Y si lo que quiero es hacer un curso de creatividad sin sentirme gorda y vieja en clase y sin repasar lo ya visto en la uni, ¿habrá algo más adulto ahí fuera? Quizá ¿cursos de aprendizaje continuo para publicitarios profesionales? I don’t know.

Conclusiones 2: aprender mola, motiva, te hace crecer y soñar con otra vida. Moverme en ambientes creativos me pone mucho. No sé cómo explicarlo, pero cuando voy a cursos DIY me pasa igual. Coincidir con artistas, querer absorver toda su vitalidad, su libertad y su talento, sus ideas..

Posdata 3: la envidia está fea ¿no? Debería comprarme una vida ¡zi! Muy bien.

Pues eso era…

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